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Un artículo de David Rothscum
Faluya: anatomía de una atrocidad

Hoy, 6 de julio de 2010, es el día en que Chris Busby, Malak Hamdan y Entesar Ariabi han publicado su estudio epidemiológico sobre los problemas sanitarios que están padeciendo los habitantes de Faluya.

15 de julio de 2010


Anas Hamed (a la derecha) y su hermana Inas que sufren de defectos de nacimiento aparecen en la fotografía el 12 de noviembre de 2009 en la ciudad de Faluya

El estudio completo se puede descargar gratis aquí. Puede que ustedes no hayan oído hablar nunca de estas personas, pero estoy seguro de que sus nombres entrarán en los libros de historia. La razón de ello es que han reunido pruebas científicas del genocidio que está sufriendo el pueblo de Faluya a manos de los imperialistas que invadieron Iraq. Por desgracia, aún no han logrado atraer mucha atención hacia sus descubrimientos y por ello me siento obligado a ayudarles en ello.

Hace unos días, el 2 de julio, publicaron un comunicado de prensa que mostraba algunas de sus conclusiones. Se titulaba “El daño genético y la salud en Faluya, Iraq, peores que en Hiroshima”. En abril anunciaron las conclusiones preliminares en Global Research, una página web con la que creo que la mayoría de ustedes está familiarizada. Por favor, dénse cuenta de que cuando algunas personas descubren atrocidades espantosas que los medios de comunicación dominantes se niegan a abordar, entonces llegan a ustedes, el Movimiento de la Verdad, y son ustedes quienes son responsables de que esta información se haga pública. Antes de 2003, antes de la invasión de la guerra de Iraq, de la matanza de Faluya y de mucho más, ustedes estaban tratando de concienciar sobre el Síndrome de la Guerra del Golfo, la epidemia de cáncer y de defectos de nacimiento en el sur Iraq debido al uranio empobrecido, y en general fueron recibidos con burlas e incredulidad.

Ahora que los horrores sobre los que ustedes advirtieron están empezando a ser revelados al mundo, todos ustedes tienen motivo para estar orgullosos del duro trabajo que han hecho. No sólo los principales activistas (Leuren Moret, Doug Rokke y muchos otros), sino todas las personas que, cada una a su manera, contribuyeron difundiendo las noticias en blogs y foros, escribiendo a políticos y con todas las demás cosas que hicieron para concienciar acerca de esta atrocidad. Si se les hubiera escuchado, la mayoría de esto se podría haber evitado. Creo que es importante que ustedes se den cuenta de que debían estar orgullosos por el esfuerzo que hicieron mientras que la mayoría de las personas de su entorno hacían nada.

Tengo también mucho respeto por el equipo de 11 personas que fue casa por casa en Faluya recopilando los datos. Los habitantes de Faluya desconfían de las autoridades (tiene motivos para ello) y sospecharon que las personas de este equipo participaban en una operación de los servicios secretos. Por desgracia, en un caso fueron recibidos con violencia física. Con todo, el equipo acabó el informe a pesar del riesgo que habían corrido, tanto por las amenazas de violencia física como, por supuesto, simplemente por el hecho de estar en un medio tan insano.

Una vez dicho esto, vayamos al estudio en sí. Por muy impactantes que fueran la información anunciada en el comunicado de prensa y las conclusiones preliminares, los resultados completos que mostraron en su estudio eran peores. El comunicado de prensa mencionaba que “se ha encontrado que la mortalidad infantil es del 80 por 1.000 nacimientos, frente a 19 en Egipto, 17 en Jordania y 9,7 en Kuwait”. Lo que no mencionaba el comunicado de prensa era que esto era el periodo de 2006 hasta [principios de] 2010. Por desgracia, desde 2006 a [los dos primeros meses de] 2010 la mortalidad infantil continuó aumentando.

Como menciona el estudio completo, cuando se considera sólo 2009 y los dos primeros meses de 2010, vemos que ahora la tasa de mortalidad infantil no está al nivel de 80 niños muertos por cada 1.000 [nacidos], sino a la horrible tasa de 136 muertos por 1.000 nacimientos. Cuando miramos la tabla en el estudio vemos que en 2008 murieron 6 bebés (de 0 a 1 año), frente a 0 en 2005 y sólo 1 en 2004. En 2009 murieron 10 bebés. Sin embargo, en los dos primeros meses de 2010 que estudiaron los científicos encontraron que habían muerto 6 bebés. Por tanto, sólo en los dos primeros meses de 2010 murieron tantos bebés como en todo 2008. Si siguiera creciendo la tasa de 2010 (lo cual no es seguro, podría ser menor pero debido a la tendencia creciente es más probable que aumente más), en 2010 morirán 36 bebés frente a 1 solo en 2004.

Aunque debería haberlo sabido, yo esperaba que la situación estuviera mejorando en Faluya o al menos no empeorando, porque no había oído muchas noticias sobre ello recientemente. En vez de ello, la situación no hace sino empeorar mientras hablamos. Otra conclusión a la que llegaron los científicos es que en la categoría de niños entre 0 y 4 años sólo hay 860 niños por 1.000 niñas. Un índice normal es de 1.050 niños por 1.000 niñas. Esto es prueba de una mutación genética.

La razón de ello es que las niñas tienen dos cromosomas X, mientras que los niños sólo tienen un cromosoma X. Así, si uno de los cromosomas X de una niña padece una mutación genética, ésta sigue teniendo otra copia funcional. En cambio, si el cromosoma X de un niño padece la misma mutación genética, el niño no tiene la misma copia funcional del mismo género y esto causa la muerte del niño. Con todo, este índice anormal de nacimientos puede estar causado (parcialmente) por otro efecto que los científicos no mencionaron en su estudio: el efecto alterador del endocrino que tiene el uranio.

A niveles más bajos del nivel de la EPA [Agencia de Protección del Medio Ambiente estadounidense] el uranio es un potente alterador del endocrino. Los alteradores del endocrino son productos químicos que tienen un efecto hormonal en los seres humanos y el uranio funciona como un estrógeno (hormona femenina) en el cuerpo humano. Esto provoca que nazcan menos niños. Así, el índice anormal de nacimientos podría ser también el resultado del efecto hormonal del uranio empobrecido, además de estar causado por un aumento de las mutaciones genéticas.

Hay que mencionar también otro hecho descubierto por los investigadores. Su estudio ha descubierto que ha habido un fuerte descenso del índice de nacimientos. Como ellos dicen, “está claro que la población de entre 0 y 4 años, nacida entre 2004–2008, después de los combates, es significativamente menor que las poblaciones que tienen entre 5 y 9 años, 10 y 14 años, y 15 y 19 años”. Esto es lo que yo llamo una despoblación en marcha.

Por desgracia, en Faluya hay también una epidemia de cáncer. Era esperable, pero por el momento no ha recibido mucha atención. Hay 4,2 veces más casos de cáncer de los que serían esperables en la zona. Respecto al cáncer infantil, hay un riesgo relativo de 12,6. El cáncer de cerebro, de mama y el linfoma son particularmente más altos de lo esperable, pero lo peor de todo es la epidemia de leucemia, con un riesgo de 22,2 veces y de 38,5 veces en la franja de edad entre 0 y 35 años. Estos son exactamente los tipos de cáncer que serían de esperar si la causa fuera una exposición a radiaciones. Los veteranos que estuvieron expuestos al uranio empobrecido también padecen epidemias de linfoma, por ejemplo. Los niños son más sensibles a los efectos de la radiación debido a que sus células se dividen rápidamente.

Todas las pruebas demuestran que el uranio empobrecido es el causante del desastre. Éste no se está deteniendo sino empeorando y continuará empeorando. Estamos en el año 2010 y los intensos combates [de Faluya] ocurrieron en 2004. En Basora los intensos combates ocurrieron en 1991. En 1998 el aumento de defectos de nacimiento empezó a volverse gravemente noticiable y en 2001, diez años después, se disparó. En 2005 los índices de cáncer seguían aumentando en Basora. Por tanto, por desgracia hay pocas razones para creer que la situación vaya a mejorar inmediatamente.

No desearía lo que está ocurriendo a mi peor enemigo, así que seguramente tampoco se lo desearía al gran pueblo de Iraq, que logró crear en el desierto un país del primer mundo en el que personas de diferentes religiones se casaban entre sí y musulmanes y cristianos dirigían juntos el gobierno laico. Las mujeres iban a la universidad y no tenían que ocultar su belleza. Ahora cubrirán sus cuerpos para ocultar las marcas del cáncer y los defectos de nacimiento que asolarán al gran pueblo de Iraq durante las próximas décadas. A quienes les quedan 50 años [de vida] a partir de ahora se preguntarán cuando enfermen de cáncer si el uranio empobrecido es el responsable. Sufrirán cada momento de la enfermedad, tanto como sufriríamos ustedes y yo si nos ocurriera lo mismo. Por consiguiente, no veo a los supervivientes de este genocidio perdonándonos en un futuro inmediato.

No creo que nosotros perdonáramos y quisiéramos ser amigos de un pueblo que envió a sus soldados a invadir nuestros países, destruyó nuestro ADN con sus armas radiactivas y no muestra un ápice de arrepentimiento ni de culpa. Cuando viéramos lo que habían hecho a nuestros hijos, nacidos deformes y enfermos de cáncer, lucharíamos contra los invasores hasta que murieran o abandonaran nuestro país. No interpreten estas palabras como un llamamiento a la violencia, simplemente estoy afirmando lo que es obvio: su hacéis daño al hijo de alguien, luchará a muerte contra ti sin dudarlo ni un momento. Piénsenlo cuando lloren la muerte de 4.400 veteranos estadounidenses muertos o la de los cientos de otros países. Ellos no pueden señalar a sus comandantes, son ellos mismos responsables de no hacer daño a otros y no estuvieron a la altura. En todo momento digan a cualquier persona que conozcan en el ejército que deserte en cuando tenga la oportunidad. Nunca es demasiado tarde para volver del mal.

Y, por desgracia, parece que todo el mundo conoce este mal. Cuando Israel bombardeó Gaza, lo llamaron “Operación Plomo Fundido”, una poética descripción del uranio empobrecido (se suele describir al uranio como menos denso que el plomo, lo cual supuestamente es la razón por la que se usa). Cuando los estadounidenses tomaron Faluya, llamaron a su matanza Operación Furia Fantasma. De nuevo diría que es una descripción poética de lo que hicieron al pueblo de Faluya. La clase dirigente militar estadounidense estaba furiosa por la muerte de cuatro de sus guerreros de elite, los contratistas de Blackwater cuyos cuerpos fueron colgados del puente. Así que soltaron su “furia fantasma”, la radiación invisible que los sentidos humanos no pueden detectar, que destruye a cualquier ser vivo al que alcanza. Si envenenar toda una ciudad con radiación no es una forma de “Furia Fantasma”, no sé qué es.

Las reacciones que veo en internet ante todo esto no ayudan a alguna posibilidad de reconciliación. “¡Ah!, todo esto es por colgar de un puente los cuerpos de contratistas estadounidenses muertos abrasados y profanarlos. [Los iraquíes] no me dan mucha pena”, es lo que respondió un individuo. Cuando se reveló la noticia de una epidemia de cáncer de sangre en Gaza debido a la Operación Plomo Fundido, alguien respondió: “Con un poco de suerte quizá dejen de reproducirse en la franja”. El dr. Daud Miraki colgó [en internet] varias imágenes de los niños nacidos en Afganistán y escribió en un correo a Jeff Rense acerca de las respuestas que había recibido: “En los últimos días he estado pasando un infierno al recibir correos horribles y llenos de odio de algunos estadounidenses enfermos y estúpidos. Se burlaban de los niños... y maldecían al Islam, a mí y a mi familia”.

No sé qué tipo de individuos enfermos se dedican a decir tales cosas. Al parecer son predominantemente aquellos que están en medio del espectro político, las personas que creen que tienen pueden elegir entre Demócratas y Republicanos y que se se creen lo que ven en la TV.

Comunistas, anarquistas, nacionalistas blancos, nacionalistas negros, islamistas: a todos ellos les horroriza el uso del uranio empobrecido y se oponen a él. Estas son las personas a las que los medios de comunicación llaman extremistas porque no encajan dentro de la oposición controlada y son las personas a quienes nos enseñan a odiar. En cambio, las personas que descubro que ignoran o, peor, animan a este genocidio, son las personas que pertenecen a la corriente política dominante. Si temo a alguien, es a estas personas que están en la corriente política dominante, compuesta de quienes tienen demasiado miedo pensar por sí mismos y que creen que no pasará nada si ellos aclaman a quienes están en el poder. Son las personas que hacen posible este genocidio.

David Rothscum
DavidRothscum.blogspot.com
6 de julio de 2010.

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos (15.07.2010):
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=109720

Enlace con el original en inglés (06.07.2010):
http://davidrothscum.blogspot.com/2010/07/fallujah-anatomy-of-atrocity.html
Véase también:
http://www.countercurrents.org/rothscum110710.htm