escritos políticos
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Un artículo de Khalid Amayreh
Los refugiados son el quid de la cuestión
El ministro egipcio de Asuntos Exteriores Ahmed Abul-Gheit dio a entender recientemente que los refugiados palestinos recibirían 50.000 millones de dólares como compensación por renunciar a su derecho al retorno. El alto cargo egipcio no dio explicaciones ni reveló la fuente de la información. Más concretamente, no dijo de dónde vendría el dinero ni si los actuales dirigentes palestinos, por ejemplo, la OLP, aceptarían este escenario.
15 de septiembre de 2010

El éxodo de los palestinos en 1948

El derecho al retorno es ampliamente considerado uno de las principales constantes nacionales del movimiento de nacional palestino y goza de un amplio consenso entre todos los palestinos independientemente de su orientación ideológica.

Muchas personas lo consideran la esencia, el alma y corazón del problema palestino ya que de lo que trata la causa palestina es de la extirpación de un pueblo de su tierra ancestral para permitir la colonización de la tierra de Palestina por otro pueblo, los judíos sionistas, y su asentamiento en ella.

El derecho de millones de refugiados palestinos a retornar a sus hogares y a sus pueblos, la mayoría de los cuales fueron destruidos y casi borrados del mapa por Israel, es básicamente un derecho personal que ninguna entidad política tiene derecho a anular o tratarlo de manera que lo comprometa. Desde luego, la Autoridad Palestina (AP) no tienen este derecho, ni siquiera todo el mundo árabe.

El difunto dirigente palestino Yasser Arafat se dio cuenta muy bien de este hecho monumental. Por eso se abstuvo de cometer lo que habría sido el error histórico de entregar o vender el derecho al retorno. Arafat debió de prever la descomunal reacción tanto por parte de los propios refugiados como por parte del resto del pueblo palestino ante la liquidación del derecho al retorno. Ahora, su heredero, Mahmoud Abbas, parece bastante confuso y reacio en relación a cómo tratar este problema.

Probablemente es cierto que el retorno de los refugiados minaría la “identidad judía” de Israel. Sin embargo, la repatriación de aquellos refugiados que deseen retornar también constituiría una garantía histórica de una paz duradera en Palestina-Israel.

En última instancia, no puede haber una paz real sin una justicia real para estos refugiados que llevan dispersos por el mundo más de sesenta años mientras que otro pueblo se apropiaba de sus hogares, tierras y propiedades .

De hecho, este es el quid de la cuestión, porque a Israel puede definírsele con mayor exactitud como un gran proyecto de desposesión (al no poder crear nunca legalmente el estado sionista, recurrieron a robar y apropiarse de Palestina).

Más concretamente, está más que claro que estos refugiados fueron arrancados de sus hogares violenta y despiadadamente. No se fueron simplemente, como han estado afirmando los dirigentes sionistas.

Según el escritor israelí Illan Pappe, la limpieza étnica de Palestina es la realización de la declaración de David Ben Gurion en 1938: “Estoy a favor de una transferencia obligada; no veo nada inmoral en ello”. Finalmente el “plan D” fue la manera de hacerlo. Incluía la expulsión forzosa de cientos de miles de palestinos no deseados en zonas urbanas y rurales, acompañado de una cantidad desconocida de otros asesinatos masivos para conseguirlo.

El objetivo era simple y francamente crear un Estado exclusivamente judío sin ninguna presencia árabe por todos los medios, incluyendo el asesinato masivo”, [señala Pappe].

Según Pappe, la limpieza étnica de Palestina fue un acto calculado que tenía por objetivo expulsar a la mayoría de los palestinos de su patria ancestral.

“La limpieza étnica de Palestina no fue una consecuencia no buscada o algo fortuito, ni siquiera un “milagro”, como afirmó más tarde el primer presidente de Israel, Chaim Weizmann; fue el resultado de una planificación larga y meticulosa”.

Afortunadamente, algunos judíos de conciencia han reconocido este hecho. Por ejemplo, Alex Stein, un académico judío británico escribió hace varios años: “¿Por qué se me debería permitir a mí, un judío del norte de Londres, adoptar la ciudadanía israelí cuando se niega este derecho a un palestino que languidece en un campo de refugiados de Líbano? Especialmente cuando yo reconozco que la gran mayoría de quienes se fueron en 1948 padeció una limpieza étnica por parte de las fuerzas israelíes”.

Con todo, estos días se advierte que los dirigentes sionistas, que casi han abandonado la trasnochada mentira de que los refugiados se fueron voluntariamente, están argumentando que el retorno de tantos palestinos a sus hogares en lo que ahora es Israel “invertiría la ecuación demográfica”.

Pues bien, se debería dejar absolutamente claro que el derecho de estos atormentados refugiados a retornar a sus hogares y tierras invalida cualquier consideración demográfica o política. En última instancia, el derecho de los refugiados a retornar a sus hogares invalida el derecho de Israel a ser un “Estado judío”.

En realidad, la comunidad internacional no tiene más obligación moral de mantener a Israel como un Estado judío de la que tenía de mantener a Sudáfrica como un Estado de apartheid gobernado por la minoría blanca.

Seis décadas sin hogar, de dolor y de dispersión deberían ser suficientes para este desafortunado pueblo que ha heredado miseria y sufrimiento generación tras generación. Por ello, acabar con este escándalo que es de lo más siniestro y espantoso no debería ser un acto de caridad hacia el pueblo palestino, sino que debería ser una aplicación tardía de la Resolución 194 que exige la reparación e indemnización a este pueblo con el que se ha sido muy injusto.

El desarraigo de estos palestinos, que actualmente son más de cinco millones de seres humanos, fue un acto colectivo de expoliación que tiene pocos paralelismos en la historia. Seguirá siendo un acto de expoliación mientras no se corrijan y rectifiquen la injusticias cometidas contra él.

A la luz de todo esto, el derecho al retorno no debería ser objeto de disputa y de controversia lo mismo que el legítimo derecho de un propietario o una propietaria a recuperar la propiedad que le han robada no es objeto de disputa o controversia.

En última instancia, Israel no puede justificar en forma alguna el (supuesto)"derecho" a la "pureza racial y religiosa" en el reconocido derecho al retorno a su patria de los palestinos a menos que el mundo se haya convertido en una jungla donde lo que cuenta es el poder militar en vez de la decencia humana.

Es más, si el mundo es una jungla y lo que determina la ética y los derechos es la fuerza bruta, entonces según esta lógica tendríamos que considerar que todas las abominaciones que les ocurrieron a los judíos en el curso de la historia moderna, especialmente durante la Segunda Guerra Mundial, era “correctas”, “éticas” y justificables ya que el hecho de que ocurrieran era más o menos compatible con las máximas morales e intelectuales que ahora ha abrazado sin problemas el sionismo.

La Declaración Universal de Derechos Humanos, adoptada por la ONU en 1948 estipula en su Artículo 13 que “toda persona tiene derecho a dejar cualquier país, incluido del suyo, y a retornar a su país”.

Por último, si la comunidad internacional está verdaderamente interesada en resolver la larga cuestión de Palestina, es vital que ponga de relieve el derecho al retorno porque no funcionará ninguna futura paz entre Israel y la AP sin la repatriación de los refugiados a sus hogares y a su país.

Negar a los refugiados su derecho más moral, más humano y más legal es una expresión de falta de humanidad, de deshonestidad y de racismo. Reiteramos que no es meramente un derecho nacionalista, sino que es un derecho personal e individual que no puede ceder ninguna entidad o Estado.

Además, los palestinos simplemente no están deseando vender por dinero su patrimonio ancestral. Es más, si su objetivo fuera el dinero lo hubieran hecho hace tiempo y se habrían ahorrado a sí mismos y a sus hijos todo el dolor y el sufrimiento.

Khalid Amayreh
en la Palestina ocupada, 8 de septiembre de 2010.


Khalid Amayreh, nacido en 1957 en Hebrón, hizo sus estudios universitarios en Estados Unidos: Licenciatura en periodismo en la universidad de Oklahoma, 1982; Máster en periodismo en la Universidad del Sur de Illinois, 1983. Durante mucho tiempo su vida no fue nada fácil por el hecho de que fue confinado por el ejército israelí a su pueblo natal de Dura, cerca de Hebrón donde vive actualmente. Su página web es
http://www.xpis.ps/default.aspx

En su experiencia de vida como palestino, véase: “Reflections on the 1967-war anniversary”, palestine-info, 5 de junio de 2008.

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos (15.09.2010):
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=112985

Enlace con el original en inglés (08.09.2010):
http://www.middleeastmonitor.org.uk/articles/middle-east/1501-the-refugees-are-the-crux-of-the-matter

Todas las versiones de este artículo:
- The refugees are the crux of the matter