El Tsahal (ejército de defensa israelÃ) no es un ejército de defensa como su nombre indica, sino un ejército ofensivo, xenófobo, responsable de la limpieza étnica más vasta y de la ocupación militar más larga del mundo moderno.
Creado en mayo de 1948 con la participación de las organizaciones Haganah, Lehi, Irgoun, el Tsahal es un ejército ofensivo al servicio de la ideologÃa racista del Gran Israel.
Sus primeros hechos de armas y de salvajismo fueron la planificación y ejecución de las masacres, asà como la destrucción de pueblos y ciudades, lo que debÃa empujar a los palestinos al éxodo y acabar en su deportación para edificar en su lugar el Estado reservado «exclusivamente a los judÃos».
A esta limpieza étnica, que vació Palestina de tres cuartas partes de su población autóctona y la expulsó del mapa, los israelÃes la llaman cÃnicamente guerra de independencia. Una guerra colonial y una limpieza étnica que no han cesado nunca.
Este terror organizado -institucionalizado por medio de centenares de leyes racistas y de medidas de apartheid llamadas de «separación»-, que reglamenta toda la vida cotidiana de los palestinos para mantenerlos bajo la dominación y bajo el control total del ejército israelÃ, es lo que ha permitido a Israel imponer su «supremacÃa judÃa».
El ejército israelà tiene derecho a hacer de todo. A servirse de un arsenal militar concebido para enfrentarse a experimentados ejércitos modernos contra civiles completamente indefensos, mujeres y niños incluidos.
«Israel tiene derecho a defenderse» es el leitmotiv de las autoridades israelÃes cuando las protestas de la opinión pública las ponen en entredicho.
El problema es que este «derecho a defenderse» que reivindica Israel es en un sentido único, exclusivo, como todo lo que tiene que ver con su proyecto de expansión colonial.
En los años ochenta, los soldados del Tsahal apuntaban a las piernas de los niños, en los noventa a los brazos, desde 2000 al pecho y la cabeza. «Israel tiene derecho a defenderse», replican cobardemente los «grandes» de este mundo cuando la visión de estas odiosas masacres escandaliza a los ciudadanos. En otras palabras, el ejército israelà tiene derecho a masacrar pueblos con total impunidad.
Ahora bien, hasta un niño puede comprender que cuando Israel envÃa batallones de soldados y de carros de combate a disparar con cañones de guerra contra poblaciones que están en situación de inferioridad y son incapaces de responder, no es para «defenderse», por supuesto, sino para envilecer, humillar, exterminar y hacer ver a estos árabes que se obstinan en permanecer sobre lo poco de tierra que les queda a pesar de lo duro que es eso, que el amo es Israel.
En 2006, los soldados israelÃes quitaron la vida a 742 palestinos (145 de ellos niños), hirieron a 3.735 y secuestraron a otros 5.671, 360 de ellos niños. 210 palestinos murieron en asesinatos selectivos. Durante el mismo periodo en total los palestinos quitaron al vida a 23 israelÃes y secuestraron a un soldado [1].
La polÃtica de «defensa» del Estado de Israel no es ni más ni menos que «terrorismo de Estado».
Con sus escuadrones de la muerte (fuerzas especiales), que desembarcan por sorpresa en la vida precaria de los palestinos y sólo dejan tras de sà cadáveres y dolor, con sus agentes secretos que fomentan atentados terroristas -que a continuación atribuyen a los árabes-, con más de 600.000 soldados y reservistas (israelÃes o con doble nacionalidad de origen ruso, polaco, moldavo, estadounidense, francés, etc.) que una vez en las zonas ocupadas sólo conocen el lenguaje del asesinato y de la humillación, el Tsahal no es, por lo tanto, esta entidad aureolada de virtudes que presentan los periodistas sojuzgados a Israel, sino un ejército exclusivo, bárbaro.
Para estas poblaciones árabes ocupadas por fuerzas extranjeras es una humillación ver a estos soldados rasos venidos de fuera dirigir sus armas y su odio contra ellos, y oÃrles decir que Palestina les pertenece, que «es Dios quien les ha dado esta tierra».
En Israel hay un racismo latente que se expresa abiertamente; un rechazo mayoritario a considerar a los vecinos árabes como seres dignos de ser tratados humanamente, como iguales.
La idea de sacrificarse por el Estado de Israel está muy arraigada en el espÃritu de estos israelÃes que «han crecido en la cuna del sionismo». No hay ninguna familia israelà que no obtenga beneficio, directa o indirectamente, de la ocupación militar. Desde los 18 años, hombres y mujeres tienen la obligación de cumplir tres años de servicio militar (2 para las mujeres) y después un mes al año, hasta cumplir los 50.
«Nuestro ejército es puro. No mata niños. Tenemos una conciencia y unos valores, y hay pocas vÃctimas debido a nuestra moral», dicen los generales israelÃes en la pelÃcula Tsahal, de Claude Lanzmann.
AsÃ, como se puede constatar en esta pelÃcula, siempre se muestra a aquellos israelÃes que tienen las manos manchadas de sangre como unos corderos y estos cineastas, periodistas y escritores, que se hacen cómplices de sus crÃmenes disfrazando la realidad, mantienen a la opinión pública internacional en la ignorancia.
¿De qué «valores morales» se pueden valer cuando se envÃa a soldados disfrazados de árabes a ejecutar, sin otra forma de proceso, a palestinos que ni están armados ni están en posición de combate, y aviones de guerra a bombardear casas repletas de mujeres y de niños? Lo que ocurre sobre el terreno desgraciadamente contradice a estos generales a los que Claude Lanzmann ha dado la palabra.
Israel viola todas las leyes internacionales. Ha legalizado la tortura, la toma como rehén de una familia en la que se busca a uno de sus miembros, los castigos colectivos, las detenciones y ejecuciones extrajudiciales, el requisar las tierras, el control del 80 % de los recursos árabes de agua, el bloqueo de pueblos y ciudades que prohÃben los desplazamientos y encarcela a millones de palestinos. Esta lista no es exhaustiva.
La vida cotidiana de los palestinos siempre se ha visto conmocionada por los asesinatos, las devastaciones, los secuestros perpetrados por estos batallones de soldados que irrumpen a cualquier hora del dÃa y de la noche, invaden sus hogares de forma violenta, masiva, rompen todo, humillan a los padres en presencia de sus hijos, secuestran a los hombres; asesinatos, devastaciones y secuestros que desde 2000 no han dejado de multiplicarse y de redoblar su crueldad.
En este periodo, muy traumantizante para los palestinos, fue cuando se oyó hablar de esos israelÃes llamados «refuzniks», que se negaban a servir en Palestina. Eso hizo nacer la esperanza de que en esta negativa la paz pudiera encontrar una oportunidad.
En julio de 2006 el ejército israelà invadió de nuevo LÃbano. Fue entonces cuando conocimos a ex soldados que habÃan firmado el manifiesto «Valor de negarse».
En cuatro años solamente lo han firmado unos 600 israelÃes. Mientras que su paÃs se habÃa lanzado a una nueva guerra inhumana, desequilibrada, ilegal, que suponÃa la muerte de centenares de libaneses, era sorprendente constatar que estos refuzniks, cuya negativa a servir habÃa hecho soñar a muchas personas fuera de Israel, eran favorables a esta horrible guerra emprendida por Israel.
Testimonio de ello son las respuestas de Elad, 32 años, fÃsico, cercano a los «Anarquistas contra el Muro» [2], que recogimos cuando estaba esperando para irse a un centro universitario europeo en HungrÃa con una beca en el bolsillo.
¿Sigue perteneciendo al movimiento de los «refuzniks»?
Firmé el manifiesto Valor de negarse, pero ya no pertenezco a él. Sus miembros son sionistas.
¿Se puede ser refuznik y sionista?
¡Por supuesto! ¿Qué quiere decir para usted el término sionista? Se puede ser sionista y estar contra la ocupación. El sionismo tiene diferentes significados. Para los palestinos quiere decir que se destrozan sus tierras. Por lo tanto, para ellos todo israelà que apoya la ocupación es sionista, una mala persona. Pero en Israel el sionismo significa algo bueno. Este término tiene un significado positivo. Por ejemplo, ayudar a una anciana a cruzar la calle es calificado de gesto sionista. En la opinión, por lo general hablada, sionismo significa que Israel debe ser un Estado judÃo. Muchas personas que pertenecen al movimiento Valor de negarse se definen como sionistas. Yo no soy sionista. No creo que el concepto de Estado judÃo sea un concepto justo: creo que implica el racismo a un nivel muy profundo.
¿Qué piensa usted en este momento en que su paÃs ha vuelto a emprender una guerra contra LÃbano y en que sus hermanos arrasan pueblos y ciudades?
Creo que LÃbano debe decidir si es un Estado o no. En LÃbano hay dos ejércitos. Uno que es democrático, que es el más pequeño y menos eficaz de los dos, y que no ejerce su soberanÃa. Y el ejército de Hezbolá, que según todos los criterios es un buen ejército pero que no responde al pueblo libanés; que actúa en nombre de Nasralá y responde a Siria e Irán. Es un ejército de guerra. Hezbolá quiere la guerra; la guerra es un buen negocio para Hezbolá. No creo que sea el pueblo libanés quien debiera pagar el precio. Por otro lado, he leÃdo que Israel ha matado a cientos de personas en pocos dÃas. Es horrible y moralmente no hay excusa para ello. Y estratégicamente no sirve a ningún objetivo. Simplemente, han destruido LÃbano. Creo que es lo que querÃa Hezbolá y que es bueno para él.
No sentimos desconcertados al oÃr como suya la propaganda militar más simple. Este hombre, que estaba ante nosotros y a quien habÃamos querido conocer pensando que su manera de ver serÃa contraria a la del Estado Mayor israelà y de sus compatriotas en general, no se desmarcaba de sus opiniones.
¿En Bil’in usted apoya a los palestinos contra los que lucha el ejército israelà y en LÃbano usted apoya al ejército israelÃ? ¿No es esto contradictorio?
Si, asà es. De hecho, si considero las cosas profundamente, cuando me opongo a lo que hace el ejército, lo hago con la esperanza de tener una vida mejor; no lo hago por los palestinos, sino por mà mismo.
¿Mató usted a libaneses cuando estuvo en LÃbano en los años noventa?
TenÃa 18 cuando empecé en el ejército. Tras un año de adiestramiento en Israel, entre 1995 y 1996, fui al sur de LÃbano y volvà a los 21 años. Recibà más golpes de los que di. Murieron amigos. Era como en la guerra.
Usted luchó en Cana en 1996. ¿No quiere hablar de ello?
SÃ, yo estaba en Cana durante la operación llamada «Uvas de la ira». Lo que hicieron entonces fue muy violento, pero menos violento que lo que hacen hoy. El objetivo de esta operación era el mismo que el que persigue el ejército israelà hoy: acabar con Hezbolá y presionar al gobierno libanés para que haga callar las armas de Hezbolá.
¿Su batallón disparó sabiendo que habÃa civiles desarmados?
Dispararon contra el mortero. No se disparó la bomba con el objetivo de matar a la gente. Tras una semana de combates, Hezbolá instaló sus morteros cerca del campo de refugiados para disparar contra las posiciones israelÃes, pensando que el ejército israelà no dispararÃa ahÃ. Hezbolá alcanzó al ejército israelà y éste pidió poder disparar contra esta posición. Fue entonces cuando una de las bombas cayó en el campo de refugiados bajo protección de Naciones Unidas.
¿Cómo puede usted decir que «dispararon contra el mortero» cuando murieron al menos 130 refugiados palestinos y hubo centenares de heridos? ¡Un enorme baño de sangre! Sin embargo, se trataba de mujeres y de niños y no de combatientes de Hezbolá.
El objetivo era el mortero.
¿Cómo se puede disparar para hacer callar un mortero cuando se sabe que se puede matar a mujeres y niños?
El objetivo era el mortero.
Ninguna emoción, ninguna inflexión en al voz. Ninguna confidencia, pensamos nosotros. Respuestas breves, descarnadas, aprendidas de memoria. Para todos estos soldados que han sido enviados al frente a masacrar a los civiles, ¿se trata, nos parece a nosotros, de no reconocer nunca un crimen, de no asumir nunca el hecho de que toda operación militar sobre el terreno es una responsabilidad colectiva, de no incriminar nunca a sus compañeros?
No parece que usted condene esta acción.
No, no culpo al soldado que disparó contra el mortero. Recibió una lista de números, los introdujo en el ordenador y disparó. Culpo al gobierno israelà que no deberÃa haber entrado en LÃbano ni haber lanzado esta operación y que no deberÃa haberse servido de la población civil para obtener fines polÃticos.
¿Fue entonces cuando abandonó usted el ejército?
Sólo me quedaban cuatro meses para cumplir cuando dije que no querÃa continuar.
¿Y hoy está usted de acuerdo con su gobierno que masacra mujeres y niños?
En aquella época Hezbolá luchaba contra la ocupación de nuestras tropas. Hoy es diferente, lo que hace Hezbolá no es legÃtimo.
En el momento en que estamos hablando el ejército israelà ocupa y bombardea los mismos lugares en los que usted combatió. ¿Qué siente usted?
SÃ, conozco muy bien los lugares en los que están ahora. Yo estaba en el pueblo de Marjaron donde ayer hubo una gran batalla. Y en Benjel, donde están combatiendo.
Firmó usted ayer el manifiesto Valor de negarse y hoy parece estar totalmente de acuerdo con la agresión de LÃbano por el ejército israelÃ.
No querrÃa ser enviado a LÃbano. Una vez dicho esto, la guerra no habrÃa empezado si Hezbolá no hubiera secuestrado soldados. Creo que Hezbolá querÃa la guerra. Su objetivo era matar civiles. Israel no habrÃa empezado su Hezbolá no hubiera secuestrado…
Las informaciones que tenemos indican que los soldados capturados por las fuerzas de Hezbolá estaban dentro de LÃbano.
No es lo que yo sé. Lo que es seguro es que fueron secuestrados en Israel.
Israel ha invadido LÃbano, arrasado ciudades por tres soldados capturados. ¿No indica esto que Israel tenÃa un plan, que querÃa emprender una guerra y que ha aprovechado la ocasión?
Por supuesto que Israel tiene planes preparados. Eso es lo que hace un ejército. Por supuesto, es lo que ocurre más allá del secuestro de los dos soldados. La decisión de ir a LÃbano se basó en el hecho de que si Hezbolá proporcionaba un pretexto, Israel aprovecharÃa esta ocasión como un elemento desencadenante para cambiar las reglas del juego en LÃbano. La dureza de la reacción de Israel se debe a diversas razones. Una es que Israel comprendió que si intervenÃa en LÃbano su acción serÃa muy dura, muy eficaz. No se pueden dejar las cosas asÃ, en una situación en que hay dos ejércitos en LÃbano ¿Cuál es el soberano? ¿Hezbolá o el gobierno libanés? Por medio de su intervención Israel hace saber a LÃbano que para él no es tolerable someterse a una situación en la que LÃbano no es un Estado soberano. En LÃbano hay dos ejércitos y uno de ellos hace lo que quiere cuando ya no hay ocupación israelà de LÃbano.
He estado recientemente en LÃbano. Israel viola el espacio aéreo dÃa y noche; y los libaneses consideran las granjas de Chaaba ocupadas.
Chaaba tiene unos cientos de kilómetros cuadrados. Hezbolá lo utiliza como pretexto para continuar luchando. La guerra es un buen negocio para Hezbolá.
¿Pero usted no cree que la rama armada de Hezbolá que defiende a LÃbano contra la agresión israelà lleva a cabo una lucha de resistencia? ¿No hay todo un pueblo que resiste contra su invasor?
¿Qué resistencia?
Según parece, el pueblo libanés apoya unánimemente a las fuerzas que llevan a cabo una lucha de resistencia.
¿Resistencia contra qué?
¿Los libaneses que son masacrados no tienen derecho a defenderse? Usted apoya el movimiento de los «Anarquistas contra el Muro», que cada viernes se manifiesta en Bil’in contra su ejército. Hezbolá resiste en LÃbano como los palestinos resisten en Bil’in. ¿No es la misma lucha?
Apoyar Bil’in es lo que hay que hacer. No tiene nada en común lo que pasa en LÃbano y lo que pasa en los «territorios».
Ni una palabra que llame a las cosas por su nombre: Palestina, palestinos. Permanece en la abstracción. Ni un «nosotros», ni asumir responsabilidades.
Las respuestas de Elad suscitan otras cuestiones. ¿No han sido los refuzniks un factor de equilibrio en un momento en que el Tsahal corrÃa el riesgo de trastornar demasiado a la opinión pública? ¿No fueron un efecto de marketing, de moda? Presentados como una «luz de esperanza y de valor» por quienes en el campo de la paz canalizaban las ilusiones, ¿no quitaron el sitio de los resistentes a quienes Israel trata de «terroristas» y a quienes sus F-15 exterminan con misiles violando todas las leyes internacionales? Un militante por la justicia en Palestina nos da su respuesta.
«Los refuzniks se han quedado como un movimiento muy marginal en Israël. Se les ha concedido un lugar desmedido respecto a su realidad. Compuesto de diferentes grupos que están de acuerdo a grandes rasgos sobre la negativa a ir a hacer el servicio [miliar] y su periodo de reservistas en los «territorios palestinos ocupados». Sus motivaciones son morales y polÃticas. La primera frase del manifiesto fundador del movimiento Valor de negarse dice: «Nosotros, oficiales y soldados combatientes de reserva del Tsahal, que hemos crecido en la cuna del sionismo y del sacrificio por el Estado de Israel...». No es, por lo tanto, sorprendente que unos refuzniks hayan apoyado decididamente la guerra emprendida contra LÃbano. Porque con ello ¡«defienden y refuerzan en Estado de Israel»! Su postura exclusiva sobre «los territorios del 67» es lo que explica por qué los refuzniks han gozado de una gran promoción por parte de los movimientos de solidaridad en Europa; estos últimos se han servido de ellos para defender su lÃnea polÃtica y la del campo de la paz en general, que se limita a decir que «el problema es la ocupación desde 1967, que basta con retirarse detrás de la lÃnea verde».
No tener en consideración lo que ocurrió antes de 1967 equivale a perennizar la existencia de Israël como Estado exclusivamente judÃo sobre el 80 % del territorio histórico de Palestina y, por lo tanto, eliminar la cuestión del derecho al retorno de los refugiados.
En una situación en la que todo es legal, la tentación de la ambigüedad y de negar la limpieza étnica es una escapatoria humanamente comprensible. Sin embargo, ningún israelà puede perder nunca de vista que está pisando sobre la sangre de los palestinos, que solo por medio de la fuerza y de la brutalidad Israel puede imponerse como «Estado judÃo exclusivo» y que viviendo sobre esta tierra robada a los palestinos -que obliga a Israel ha emprender guerras sin fin para conservarla- sólo se puede prolongar el sufrimiento de los palestinos. La resolución 194 de la ONU reconoce a los refugiados palestinos el derecho al retorno a sus tierras, aunque Israel nunca lo haya reconocido de facto.
Ahora bien, los refugiados palestinos a los que Israel ha excluido, encerrado en ghetos, sólo esperan una cosa: que se les devuelva lo que se les ha quitado. Para ellos, todo israelà que vive en un Estado que se ha construido sobre su tierra es un colono que viola los principios de justicia y de derechos humanos.
Sólo hay una cosa que hacer: dejar a los palestinos -y a los sirios expulsados de los Altos de Golán- volver ahà de donde fueron expulsados e inmediatamente. Y, por último, dejar de acusar de «antisemitismo» a quienes exigen a Israel que reconozca sus errores.
Transformar Israel en un Estado que reconociera a los refugiados palestinos el derecho a volver a sus casas y que aceptara tratarlos en pie de igualdad, en un solo Estado, sea cual sea su religión, no significarÃa en absoluto «la aniquilación de Israel» ni arrojar «a los judÃos al mar», como a veces se oye decir, sino el final de una forma de Estado que practica la discriminación religiosa y étnica.
El campo de la paz [3] y el campo de la guerra no están tan alejados. «El problema en Israel es que, contrariamente a lo que se dice, entre Peace Now (Paz ahora) y Avigdor Lieberman no hay una distancia ideológica tan grande. Se trata de una cuestión de táctica para saber cómo asegurar un mejor Estado judÃo con una fuerte mayorÃa demográfica, si no exclusiva», afirma desolado el historiador israelà Ilan Pappe [4].
Negarse a servir en los «territorios palestinos ocupados» -este término «territorios» es tan ambiguo como inaceptable- al tiempo que se atribuyen el derecho a permanecer en esta tierra robada, lo que obligará a Israel a hacer la guerra a los árabes durante siglos, no es una postura humana y moralmente aceptable.
Ser autorizado a establecerse en Tel Aviv, en Jerusalén o en Haïfa -y poder elegir de facto la nacionalidad israelÃ- porque se es de confesión judÃa, instalarse para siempre en las casas a las que sus dueños, que han sido desposeÃdos de ellas brutalmente, no tienen derecho a volver y deben permanecer hasta pudrirse en ghetos miserables en Cisjordania, en Siria, en LÃbano, en Gaza, ¿es eso normal? Desde luego que no. Pero en Israel nada es normal.
Silvia Cattori
Traducido del francés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos (27.01.2007):
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=45558
Enlace con el original en francés (19.01.2007):
http://www.silviacattori.net/article173.html
[1] De septiembre de 2000 a finales de 2006, el ejército israelà y los colonos mataron a 5.150 palestinos, 1151 de los cuales eran niños. El número de ataques israelÃes desde la cumbre de Charm-El-Sheikh en febrero de 2005, se eleva a 70.079.
[2] «Anarquistas contra el Muro» es un movimiento israelÃ, del que es iniciador el espléndido Yonatan Pollack, de 25 años, y cuenta con decenas de jóvenes militantes. Todos los viernes participan -junto con el International Solidarity Movement palestino (ISM) y los internacionalistas que están de paso- en la manifestación contra la construcción del Muro, especialmente en Bil’in. Son muy apreciados por los habitantes de los pueblos palestinos que les conocen y llevan a cabo acciones de resistencia no violenta directas junto a ellos y como ellos, son violentamente atacados por los soldados israelÃes. Lo mismo que el pequeño grupo de militantes de Tayoush.
[3] Comprende fundamentalmente: Gush Shalom (fundado en 1993 por Uri Avnery), Mujeres de Negro, Bat Shalom, (Comité contra la demolición de las casas), FÃsicos por los Derechos Humanos. Este campo de la paz sólo cuenta con unos centenares de miembros activos, pero fuera cuenta con un amplio apoyo polÃtico y financiero por parte de organizaciones judÃas y de asociaciones pro-palestinas. En Francia fundamentalmente tiene el apoyo de la Asociación Francesa Solidaridad con Palestina (AFPS) y de la Unión JudÃa Francesa por la Paz (UJFP), en la que se inspira su lÃnea polÃtica: dos Estados («cada uno en su casa»), el reconocimiento de que la vuelta de los refugiados es un derecho que, sin embargo «ya no puede ser aplicable».
[4] Ver: http://electronicintifada.net/v2/article6206.shtml